Chimbote en Línea.- En un contexto donde
las organizaciones deben priorizar con mayor precisión cómo distribuyen su
tiempo, presupuesto y talento, Jonathan Golergant, rector de la Universidad
Tecnológica del Perú (UTP), brinda consejos para tomar decisiones más acertadas
al momento de asignar recursos.
Su reflexión parte de
un desafío frecuente en equipos y proyectos: la tendencia a continuar
invirtiendo en iniciativas que ya no generan el valor esperado. “En muchos
casos nos resistimos a aceptar pérdidas, lo que distorsiona la evaluación real
de los esfuerzos en curso”, asegura el rector.
Golergant explica que
uno de los errores más frecuentes en la gestión de proyectos es dejarse guiar
por el costo hundido, es decir, por los recursos como tiempo, dinero o esfuerzo
que ya se invirtieron y que no pueden recuperarse.
El problema aparece cuando esa inversión
pasada se convierte en la razón principal para seguir adelante, incluso si el
proyecto ya no genera valor. En esos casos, el costo hundido actúa como una
trampa que, en lugar de ayudar a decidir, distorsiona el análisis y empuja a
seguir invirtiendo solo para no aceptar la pérdida inicial. Frente a ello, el
rector subraya que las decisiones estratégicas deben centrarse exclusivamente
en el valor futuro de una iniciativa.
Claves para definir el
uso estratégico de los recursos
El rector señala que
revisar periódicamente cómo se están distribuyendo los recursos es una práctica
esencial para mantener la claridad estratégica. En este proceso, recomienda
identificar señales de alerta como “proyectos que no dan resultados, apuestas
por talento que no terminan funcionando o caminos profesionales que ya no
generan satisfacción”. Estas situaciones, indica, deben movilizar un análisis
inmediato para evitar prolongar inversiones que no contribuyen a los objetivos centrales.
Otro punto clave es
separar la inversión emocional del análisis técnico. Golergant explicó que el
apego a un proyecto puede llevar a justificar nuevos gastos incluso cuando su
aporte se ha reducido. Recuperar objetividad implica preguntar si la iniciativa
sigue siendo pertinente y valiosa. “Si la respuesta es no, hay que redirigir
los recursos sin temor a detener lo que ya cumplió su ciclo”, comentó.
Para el rector, decidir
frenar o redirigir recursos no es un gesto de renuncia, sino un acto de liderazgo
y responsabilidad. “Actuar con valentía para frenar a tiempo y corregir el
rumbo es fundamental para asegurar que el tiempo, el presupuesto y el talento
se utilicen de manera eficiente”, agregó. Esta capacidad permite fortalecer la
sostenibilidad operativa y concentrar los esfuerzos en iniciativas que aporten
valor real.
Jonathan Golergant
concluye que una gestión madura de los recursos requiere claridad, análisis y
visión de futuro. “Reconocer el punto de no retorno es clave para evitar gastar
más recursos, tiempo y energía”, finalizó.